lunes, 21 de marzo de 2011

Cuerpo y Memoria




Cuerpo y Memoria.






Por Norberto Presta









“son tantas las veces



que he contado esta



historia que ya no sé si



la recuerdo de veras o si



sólo recuerdo las palabras con que la



cuento…”



Jorge L. Borges














La memoria aparece cotidianamente en el relato, en la palabra, como si fuese un puro proceso mental, como algo que ocupa un espacio fuera del cuerpo y que en forma de pensamiento transita a lo sumo un nivel cerebral.



Pero...



Según Federico Campbell; "Si la mente se difumina por todos los intersticios del organismo, como lo están haciendo ver no pocos científicos, no debería asombrarnos tanto ahora la anotación de Proust de que en los músculos hay recuerdos entumecidos.”



Y Diane Ackerman ha llegado a la convicción de que la mente "no reside necesariamente en el cerebro sino que viaja por todo el cuerpo en caravanas de hormonas y enzimas, ocupada en dar sentido a esas complejas maravillas que catalogamos como tacto, gusto, olfato, oído, visión".






Me gusta pensar que la mente ocupa el cuerpo así como este ocupa la mente, no somos dos cosas, somos una, no hay separación entre cuerpo y pensamiento porque el pensamiento es también cuerpo.



El cerebro que está obviamente en el cuerpo, muchas veces es considerado como algo que sucede fuera de él. En esta visión romántica la memoria es pura imagen, la podemos visualizar, la podemos colocar fuera de nosotros, separarla de nuestro cuerpo; un pensamiento, una idea, una reproducción, aparentemente como algo que solo la mente está en grado de elaborar. Un mecanismo neuronal recupera algún hecho del pasado proyectándolo en las paredes de nuestro cerebro en forma de imágenes, algo así como un film o una diapositiva. Así se “visualizan” los recuerdos; una representación de antiguas vivencias que pueden provocar unas reacciones emocionales en nuestro presente; la memoria como una evocación.



En la practica de la “memoria emotiva” se construye la imagen que dispara la emoción dejando al cuerpo en una posición de relajamiento, sentado o acostado, el cuerpo no tiene que “molestar”; en el proceso nemotécnico el cuerpo tiene que quedar como ausente, se le deja todo el trabajo a la mente que reconstruye la vivencia que será re - actualizada y que directamente pasará desde el cerebro a la emoción, el cuerpo partiendo de esa relajación responde al estímulo – es normal usar este ejercicio psíquico físico para llorar en escena -.



A partir de un cierto momento de mi formación preferí un modo de estar en escena que priorice la conexión directa con el acontecer de la acción y con las relaciones de los elementos que integran el aquí y ahora del evento teatral, preferí priorizar el cuerpo, su presencia y la relación física con los otros cuerpos, en el espacio real en el cual la acción acontece.






Para un actor/bailarín la memoria es básicamente una actividad del cuerpo, ocurre en el cuerpo, cuerpo como depositario de la memoria;



-de una memoria personal, individual; que queda de nuestras experiencias vividas en primera persona,



-y también la de una memoria genética; la que pertenece a nuestra especie, a su evolución y su devenir, memoria ancestral que no podemos evocar a través del recuerdo, pero que está presente en nosotros y de la cual también somos producto, somos consecuencia.



Fui percibiendo en el entrenamiento que existe un espacio entre el cuerpo y el cerebro, un punto de encuentro, de unidad, en realidad un estado que se produce en ese espacio, un estado de percepción, de “ser”, en el cual cuerpo y mente se re-encuentran, en donde simplemente se “es” en un accionar que se muestra como una presencia aparentemente física, pero que en realidad es una memoria que elabora una nueva memoria y que restablece la unidad/organicidad del individuo en escena, su unidad en la multiplicidad; su organicidad física y mental, emocional e intelectual, capaz de danzar los pensamientos, de accionar las emociones, de ser una sola cosa con el tiempo que lo atraviesa y que atraviesa en una vibración unísona con el público: El teatro como ritual pagano en la simple tarea de hacer reencontrar las personas y sus inquietudes.



Me interesé en indagar esa memoria muscular que conserva vivencias con el fin de construir mi cuerpo en escena, de des-construirme en una presencia escénica pre-expresiva.



Dejo de lado las posibles ventajas terapéuticos que la memoria corporal puede tener – estoy convencido que las tiene y que pueden ser de gran interés para las oportunas disciplinas científicas – lamentablemente no consigo concentrarme en ellas sin perder el sentido mismo de mi trabajo, para mis posibilidades ya tengo bastante con procurar una calidad artística con este entrenamiento, pero sé que este intento de restablecer esta unidad cuerpo/cerebro - que la vida cotidiana tiende a romper desde nuestros primeros años de vida – es una de las cualidades que la investigación de actores, bailarines y performar en general, pueden aportar para mejorar nuestra materia en estado de vida consiente.



Lo que sí no encuentro interesante es usar las “memorias” personales para “poner-me en escena”. La auto-representación puede llevar a un egocentrismo estéril, en general prefiero más que contarme a mi mismo hacer pasar por mi persona – tanto cuando actúo, dirijo o escribo – eventos e historias que considero más interesantes que mis propias vivencias, historias y excentricidades personales, aún sabiendo que el artista esta indisolublemente involucrado en el hecho mismo de “contar”, involucrado con el objeto de su narrativa. En el arte en general, en el teatro en particular y aún más en un cierto tipo de teatro, objeto y sujeto se confunden en la acción y es así que muchas veces aparecen como una sola cosa, una unidad que hace que el cuerpo del actor, su presencia, sea el mismísimo objeto de arte; contendor y contenido de una idea/emoción que trasciende su propia voluntad. Es allí en donde la presencia/memoria toma para mí un sentido más atractivo; cuando el cuerpo del actor es una caja de resonancia, por donde suenan – a través de sus memorias físicas – un sinnúmero de otras frecuencias, de otras memorias, de otras presencias. El actor/bailarín es como un piano en donde el teclado es su columna vertebral, en la que cada vértebra conserva la vibración de sus memorias, siendo capaz de provocar una "multifonía" de emociones y pensamientos en si mismo y en los otros.



Como actor/bailarín me interesa indagar esa memoria como mecanismo físico psíquico, que permite evocaciones de vivencias que en muchos casos no conseguimos racionalizar, pero que sabemos que es algo que nos pertenece, que es parte de nuestra experiencia de vida y que nuestro cuerpo ha sabido conservar, como un cofre que conserva su tesoro, mejor dicho, como un cofre que conserva una infinidad de cofres, de tesoros, y de los cuales es necesario cada vez obtener una llave distinta para abrirlos.



Pienso en un entrenamiento de un actor - bailarín, que consiste en gran parte en la conquista de estas llaves, para abrir esos espacios interiores en donde están alojadas sus vivencias, logrando así transformarlas en presencias, presencias escénicas contaminantes. Cuando un bailarín o un actor descubre este mecanismo, logra “tocar” y actualizar sus memorias físicas, conquista una presencia que no es la sola representación de una forma, sino que es la secuencia actualizada de una serie de vivencias.



La memoria física se transforma en la gramática que le permite crear su lenguaje, su accionar físico se apoya en una dramaturgia que se sostiene en esas vivencias. Su cuerpo es una caja de resonancia en donde la memoria física es la música que hace posible su danza.



Pienso al cruce de estas memorias con otras; con las que contienen los objetos, las que producen la literatura, las culturas e historias de los otros, pienso a una contaminación de memoria que se transforme en arte, siendo que el arte es memoria.
Norberto Presta






Actor, director, pedagogo e escritor teatral ítalo-argentino, fundador (com Sabine Uitz) do Centro di Produzione Teatrale "Via Rosse" (Itália).












De la conferencia “Cuerpo - Memoria” para el ciclo “Pensa comigo”



en la “UniverCidade” de Rio de Janeiro

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