lunes, 21 de marzo de 2011

Teatro Ritual.




Teatro sagrado: la ritualidad perdida


Clodet Garcia.

Hubo un tiempo en el que el Teatro era un arte colectivo y estaba profundamente unido a la danza, el canto, la celebración de lo sagrado y la sanación.
No había separación entre actores y espectadores. No había individuos más o menos dotados para participar en el encuentro, todos sabían, todos celebraban en estado de arte y común-unión.
Para la cultura occidental y racional, el teatro es un arte de representación que se origina en la Grecia clásica. Actualmente lo asociamos al entretenimiento y al espectáculo. También, algunas veces, se asocia a la mentira, a fingir ser lo que no se es. Sin embargo, el teatro es una arte que se pierde en el origen de los tiempos, y si rastreamos sus huellas, lo encontramos en las celebraciones de todos los pueblos originarios. Se halla presente en las ceremonias sagradas de todas las culturas, que entienden el arte como un estado de conexión con la naturaleza profunda y con el cosmos. En estas culturas, no hay separación entre religiosidad y arte, es más: a través de ciertos actos, cantos y danzas, que varían de lugar en lugar, se logra acceder a un estado de conciencia acrecentada, se disuelve en diversos grados la ilusión de separatividad y se celebra el pulso de la existencia con una experiencia creativa y comunitaria.
Con el devenir de la cultura occidental, este sentido profundo del teatro ritual se fue perdiendo. Lo racional prevaleció por sobre lo intuitivo, la palabra por sobre la experiencia. La dimensión espiritual del arte se asimiló a las religiones, y la sanación quedó en manos de la nueva diosa Ciencia, por cuanto todo fenómeno por fuera de ella fue tildado de superstición o herejía.
Inventamos casilleros para todo: esto es danza, esto es literatura y esto otro teatro. Actores y espectadores pasaron a componer dos categorías diferentes separadas también en el espacio. El actor quedó alejado, subido a un escenario-pedestal que lo volvió extraño y ajeno. Y el espectador asumió un rol pasivo: sentado en su butaca, se conformó con presenciar una historia contada por otros.
En el camino, perdimos los espacios de celebración y expresión, perdimos también, la función que a nivel individual y social cumplían ciertas ceremonias colmadas de arte y espiritualidad a un tiempo y olvidamos el poder escondido de la acción ritual.
Durante el siglo XX, hubo algunos visionarios que, confrontando con un hacer teatral basado en la palabra, volvieron su mirada a las comunidades que conservaban sus tradiciones. Artaud, Grotowski y Brook, entre otros, intentaron retomar el aspecto ritual del teatro y rescatar su sentido sagrado. Posiblemente fueron movidos por la percepción de que en este recorrido en pos del progreso algo estábamos dejando en sombras y que era tiempo de tornarse a verlo y reencontrarlo.
El desafío para quienes buscamos provocar el reencuentro es no hacerlo mediante la mera imitación de otras culturas, sino rescatando sus principios y propósitos, abiertos a descubrir lo nuevo.
En un sentido sagrado, el teatro es celebración, no “representa” sino que vuelve presente dimensiones secretas de los celebrantes (actores y espectadores) y aún de la realidad. Un teatro ritual no pretende imitar la cotidianeidad, sino ponernos en contacto con una realidad profunda, de un orden distinto a lo que percibimos como real. Lejos de un hacer que se basa en la ficción, existe un teatro que se define por buscar una experiencia plena y verdadera.¿Es posible entenderlo como una experiencia de sanación?
Existe un orden cósmico que sostiene el Universo y organiza materia, energía, ciclos, ritmos. Lo que se aleja de ese orden enferma. La enfermedad física es la pérdida del orden en el organismo. La enfermedad humana es la pérdida del gran orden que sostiene la existencia otorgando la sabiduría de vivenciar los ciclos naturalmente. Ritualizar es, según percibo, apelar a nuestra condición humana para sanar lo que por humanos nos enferma y enferma a nuestra tierra. Esto que somos crea, y crea actos que simbolizan y significan y así restauran en diversas medidas este divorcio entre lo cósmico (sostenido por un principio de unidad) y nosotros (que nos percibimos separados) Y este es el propósito profundo de un teatro ritual: reparar el orden, religar los fragmentos, recordarnos quiénes somos por debajo de toda máscara, más allá de nuestro pequeño gran ego, quiénes somos a nivel del Ser.








Clodet Garcia
Esencialmente Actriz y buscadora. Directora. Dramaturga e Investigadora de Teatro Sagrado y Ritual.
http://www.teatrodelatierra.com.ar/

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