martes, 21 de junio de 2011

Yuko Ota

Innatus
A dancing life in the trees, by the water, by the coast, in the mountain, in the desert, in the snow... under the sun, the clouds, the moon, the stars... among other beings who are dancing around me, inside me...

Yuko Ota


Fotografías: Monika Cichoka


Mackowa Ruda, Poland December 2009.


Danza-Improvisación: Yuko Ota








El silencio amoroso

¿Bella? Él no sabría "probar" que lo es más aún; poco o nada le importa demostrarlo. todo lo que objetivamente ella pueda significar es, precisamente, lo que él, como amante, ha superado. La certeza de su hermosura la encuentra él en la innegable transfiguración que ha sufrido su propia persona por obra de la iruupción de esa mujer en su vida. Está, pues, lejos de todo proselitismo a favor de su encanto. Lo celebra, lo soporta, lo padece y lo goza en el ámbito de la más esticta intimidad.Otros podrán verificarlo tal vez, pero ní aún así accederán al escenario del milagro, a menos que ellos mismos, por el efecto transformador de una experiencia equivalente, reciban la luz de ese universo. Entonces se sabrá que ella no es una mujer en la acepción convencional. Ella es el infinito, una presencia mayor, más radical y más alta: lo ignoto que alberga y expulsa a la vez. Insinuación conmovedora del extremo silencio del que su nombre no es sino el umbral, pórtico abierto a lo insondable. De ese insondable cuya manifestación en tanto vigor ella connota y que embarga al amante cada vez que la ve, cada vez que la evoca; que lo consume cada vez que la oye, que lo atravieza cada vez que la toca y la toma y trata inútilmente de retenerla con la misma desesperación con que se manotea lo intangible.


Sí, el amor es el fracaso de toda ilusión posesiva.




"El Silencio Primordial"


Santiago Kovadloff *








Joachim Mogarra

La experiencia del vacio en el arte y en el psicoanalisis.





Por Claudia Lorenzetti.








La poesía se emparienta con el psicoanálisis en tanto comparten un saber-hacer con la lengua por el cual el silencio que anida en la palabra queda resguardado. Así a diferencia de la cultura de la llamada “globalización” en donde se advierte “una fascinación por lo universalmente traducible”[1], el psicoanálisis y la poesía recuperan a la palabra como aquello que al mismo tiempo dice y calla. Y es justamente en ese temblor entre lo que la palabra dice y calla que situamos lo que hemos dado en llamar la experiencia del vacío que ambas comparten. Cuando escribimos, muchas veces rematamos aquello que hemos desarrollado en varias páginas con un poema. Freud, profesaba esta costumbre. Finaliza uno de los capítulos de El Malestar en la Cultura citando un poema de Goethe y expresa que no puede más que “suspirar” al pensar como el poeta logra a través de su labor alcanzar una intelección más honda. El poema dice más hondo. Si lo elegimos y lo incorporamos a lo que escribimos es porque sabemos que el poema agrega algo más a lo que nosotros hemos intentado decir en varias páginas. Así, en menos palabras el poema dice más. Dice más porque es un decir que hace eco en el cuerpo, y es esa conmoción lo que hace la diferencia. Si en menos palabras el poema dice más podemos hablar entonces allí de un exceso[2]. Exceso que nada tiene que ver con la cantidad de palabras. Se trata de un exceso del lenguaje en tanto su uso ordinario. Proust sostiene que todo buen libro está escrito en una “especie de lengua extranjera”, “un verdadero escritor talla en su lengua una lengua extranjera que no preexiste”, dice.Extranjera, entendemos, en tanto violenta a lo instituído del lenguaje. Borges llama a esta condición del poeta, de emplear palabras usuales y convertirlas en inusuales, “extraer magia de las palabras”[3]. Es en esta vertiente que Lacan emparienta al poeta con el analista en sus últimos seminarios y llama a este modo particular de obrar violencia hecha al uso cristalizado de la lengua. G. Steiner expresa que solo en lo estético “existe una absoluta libertad de no haber llegado a ser, “es esta posibilidad de ausencia”, dice, “la que otorga fuerza autónoma a la obra”[4]. Lacan al mencionar a Cézanne sostiene que “hay un misterio” en su modo de hacer manzanas” y agrega: “la naturaleza muerta sostiene, muestra y nos oculta lo que en ella es amenaza, desenlace, despliegue”[5]. En su texto “La muralla y los libros”, Borges escribe: “La música, los estados de felicidad, la mitología, ciertos crepúsculos, quieren decirnos algo, la inminencia de una revelación que no se produce es quizás el hecho estético”. Pareciera tratarse de un exceso que está en relación a una ausencia, a un misterio, a una indeterminación. Exceso que podemos pensarlo a la vez, como “una ofrenda[6].” El secreto del impacto estético no está entonces en captar la perfección de la forma. La obra, tal como lo sugiere Blanchot, “es la intimidad y la violencia de movimientos contrarios que nunca se concilian”[7]. En el acontecimiento estético de trata entonces de movimientos, de fuerzas que se excluyen y no se concilian, de la disolución de la forma más que de su realización, temática que está en relación a la sublimación y al distinto estatuto que tienen en ella la pulsión y el objeto. Si el discurso que sostiene la globalización intenta paliar lo real del malestar saturándolo con la pregnancia del objeto, vemos que el arte en cambio pone en juego movimientos que en su recorrido, en su organización[8] lo hacen expirar. Se trata aquí del encuentro con el objeto, pero en tanto radicalmente perdido. El recorrido de un análisis también estará orientado en esta dirección. Se trata en ambos casos no de la pregnancia del objeto sino de su vaciamiento, experiencia entonces de un vacío.Experiencia que entendemos no como acumulación de vivencias sino como una purga de las representaciones en donde hay una renuncia, un olvido del yo, un desarraigo por el cual éste queda exiliado del suelo en el que habitualmente se reconoce. El cuerpo entonces está en la experiencia como presencia pero no en tanto aquello a lo que el yo se identifica. Recordamos desde esta perspectiva aquello que Rilke tan bien expresa: “El poema no es sentimiento sino experiencia”. Creemos que experiencia es también el término apropiado para, aludir a de lo que se trata en un análisis. Dice Lacan en el L’Insu…: “Con la ayuda de lo que se llama la escritura poética, ustedes pueden tener la dimensión de lo que podría ser la interpretación analítica”. Así, en esta violencia que se hace al uso cristalizado de la lengua, “el analista comprueba que tocando el sentido de las palabras - para reducirlo - se toca también el cuerpo, más acá de su imagen especular”[9]. El impacto de la interpretación, en tanto producto de una reducción del sentido, está en íntima relación con un efecto corporal, allí donde cuerpo y yo no son asimilables. Podemos sin duda atribuir mayor eficacia a aquella intervención que es solidaria a un compromiso corporal, a un cierto vértigo (experiencia de un vacío) que aquella que deja al analizante en interminables elucubraciones. Experiencia del vacío en la que el saber hace cuerpo y que concebimos entonces como la experiencia en carne viva de la errancia de las palabras y de sus silencios. Es ese temblor entre lo que la palabra dice y calla, temblor constitutivo del lenguaje, lo que el discurso de la globalización en su “manía comunicacional”[10] intenta eliminar. Eliminando con ello la hiancia fecunda que hace del sujeto, un sujeto deseante. Será a través de la verdad, entendida como aquello que solo puede decirse a medias, que el psicoanálisis y la poesía hacen diferencia con el ideal de comunicación propio de la globalización. Decir a medias, ficcionalizar, único modo no de comunicar, sino de transmitir lo indecible.




Claudia Lorenzetti


Psicoanalista e integrante del equipo


de Adultos del Centro de Salud Mental N3


"Dr Arturo Ameghino", C A de Bs As.


Escrito publicado por El Sigma.








Referencias. [1] Con estas palabras en su libro El fin de las pequeñas historias, Eduardo Grüner expresa lo que considera como propio de la cultura de la globalización. [2] Esta idea la trabaja Carlos Kuri en su libro:La argumentación incesante [3] Lo dice en Arte Poética. Conferencias [4] G. Steiner Presencias Reales [5] J. Lacan. Seminario de la Ética [6] Expresión utilizada por M. Heidegger. Sostiene: “El arte instaura. La verdad que se abre en la obra nunca se deduce por lo hasta ahora obtenido. La instauración es una superabundancia, una ofrenda” [7] Lo dice en El espacio literario [8] Este es el término con el que Lacan describe en El Seminario de la Ética el modo de tratar el vacío propio del arte. Diferenciándolo de la ciencia y de la religión. [9] Yankelevich, H. “El cuerpo del analista”. Redes de la Letra [10] Esta expresión es también utilizada por Eduardo Grüner en su libro El fin de las pequeñas historias


Shakuhachi

Shakuhuachi Flûte de Bambu Teruhisa Fukuda Shamisen Kineya Shiho Gassho Davide Kodai Colombu

El Cuerpo Paisaje de Sensaciónes

¿ A que nos lleva colgar del cielo y abrir un espacio de silencio cuyo limite es la piel?
Hacerse parte de la totalidad, confundirse con lo otro como ser de lo indecidible. El ego se borra en lo molecular que nos hace ser más parte que punto de referencia . Cuelgo del cielo y lo que me rodea es una prolongación de mis moléculas . "No danzo en el lugar, soy el lugar" (Min Tanaka). Acrecentar la escucha. Ahí comienza la transformación, cambio del orden de los sentidos. La mirada gira hacia en interior del cuerpo, deja de ver cosas para deslizarse en las sensaciones. Materia corporal: paisaje de la sensación, fuerzas que atraviesan la carne deformándola. Entendemos por sensación aquellas potencias que se despiertan desde la ausencia de ruidos cotidianos- mentales, rutinarios - y provienen de un tejido móvil y cambiante cuya trama es un cúmulo de memorias: personal, ancestral, vegetal, animal, mineral, cósmica. Y la presencia que, pincha, tiñe, extrae. Presencia es presente, único tiempo que reúne en la composición sensible todos los tiempos. Presente es actualizar todo rastro del afecto que nos convoca y hacerlo entrar en la corriente de un devenir preciso. Paisaje de sensaciones- fuerzas y no de sensaciones- sentidos. Cuerpo desorganizado por el afecto que lo atraviesa. Dejo mi yo para devenir otro que es una potencia oculta en mí, que se despliega. "Mover diez céntimos el espíritu y siete el cuerpo", decía Zeami, creador del Noh. El butoh busca hacer visible lo invisible, sin distracciones, ni interferencias, escuchar desde el hueso qué devenir encarnará la piel. Así somos tierra que tiembla, luna que enloquece, feto que sueña. Devenires de los afectos que no cesan de fluir, silencioso río, y que toman una potencia precisa, salen a la luz con la intensidad de lo que no se da tregua; sentir a fondo para poder llegar a la superficie. Esa comunión del hueso con la piel se llama intensidad. La precisión de una intuición y su viaje intenso por el cuerpo.Ese es el riesgo: saltar hacia el abismo de nuestra singularidad más que al espacio exterior. Arriesgar en la propia oscuridad más que en las distancias físicas. ¿Pero es el lenguaje del cuerpo la expresión misma del butoh? Pareciera que no, que el lenguaje que se despliega viene de debajo del cuerpo, de un lugar incorpóreo. El cuerpo es el lugar que la sensación toma para expresarse; hace presente un estado y jamás lo representa. Soy tomado por una intensidad que no cesa de buscar sentido. Toda sensación esconde una pregunta y no siempre es una respuesta a lo que queremos llegar. Hay algo más...lo personal es atravesado por el indefinido, lo impersonal que habla en el Universo. Lo infinito expresado en una gota de agua al borde de una hoja se revela en la finitud de una danza también. Sin juicio, danzar desde los pliegues de nuestra sensación/ percepción, desde ese caos de direcciones claras como estrellas fugaces. No perder la estela, seguirla hasta sus impredecibles consecuencias, bailando, sólo bailando, hacer traslucir el movimiento de la interioridad. Nuestros afectos toman la dimensión de las fuerzas que mueven al universo.

Pliegues de una memoria impersonal que abarca al Cosmos.


Rhea Volij.


Bailarina egresada de la escuela de Margarita Bali, Profesora de Expresión corporal, se formó en danza butoh en París donde estuvo cinco años con Sumako Koseki, Carlota Ikeda, Cathéine Diverrés, Leóne Cats-Baril y haciendo Tai-Chi con Wei-Go y circo en la Escuela Fratellini.


En Argentina ha estrenado sus solos, "Bolero Inmóvil"; "Flor de arena"; "Contrastes para una bailarina y dos músicos (performances); "La huella de la espuma"; "El sueño de Baigorri" (Planetario).


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http://www.butohrheavolij.com.ar/





Articulo publicado por Revista Luciérnaga Clap.


Re-lectura Corporal


Julián Favre









Invierno Decir invierno es cerrar una puerta… Surcar la noche, invitarse al silencio, degustar la soledad. Entrar obligado a un ciclo que promete introspección. Contemplar la quietud oscilante de la Vida. Participar de una destemplanza anímica dictada por invasivos mensajeros químicos que irrumpen dónde sea que uno se encuentre. En desiertos desolados o distantemente acompañados. La desaceleración del andar, del sol, de un pulso. La absorción de ecos que vienen de allá profundo. Es la inercia danzante y sigilosa. Viajar por un túnel monocorde que precede al esplendor. Ríos de hielos sinfónicos y sobre ellos habitando nosotros sus islas en inconsciente meditación. Cual peregrinos deambulamos cabizbajos ante el descanso necesario del fulgor consecuente del tiempo. Un goteo gélido sobre el fuego trascendente que se prolonga en indescifrable matemática. De todas maneras, más allá de toda incursión un día no muy lejano esa puerta se abre. Y con ella las ventanas. Nos aturdimos de Vida, nos embriagamos en colores y melodías nos visten de luz. Queda atrás la amenaza del fin.


De la noche perpetua que seduce a los cielos hasta nuevo aviso.




Fotografías y Texto: Julián Favre