martes, 21 de junio de 2011

El silencio amoroso

¿Bella? Él no sabría "probar" que lo es más aún; poco o nada le importa demostrarlo. todo lo que objetivamente ella pueda significar es, precisamente, lo que él, como amante, ha superado. La certeza de su hermosura la encuentra él en la innegable transfiguración que ha sufrido su propia persona por obra de la iruupción de esa mujer en su vida. Está, pues, lejos de todo proselitismo a favor de su encanto. Lo celebra, lo soporta, lo padece y lo goza en el ámbito de la más esticta intimidad.Otros podrán verificarlo tal vez, pero ní aún así accederán al escenario del milagro, a menos que ellos mismos, por el efecto transformador de una experiencia equivalente, reciban la luz de ese universo. Entonces se sabrá que ella no es una mujer en la acepción convencional. Ella es el infinito, una presencia mayor, más radical y más alta: lo ignoto que alberga y expulsa a la vez. Insinuación conmovedora del extremo silencio del que su nombre no es sino el umbral, pórtico abierto a lo insondable. De ese insondable cuya manifestación en tanto vigor ella connota y que embarga al amante cada vez que la ve, cada vez que la evoca; que lo consume cada vez que la oye, que lo atravieza cada vez que la toca y la toma y trata inútilmente de retenerla con la misma desesperación con que se manotea lo intangible.


Sí, el amor es el fracaso de toda ilusión posesiva.




"El Silencio Primordial"


Santiago Kovadloff *








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