"Es probable que haya llegado el momento de encontrar nuevas líneas de fuga para nuestro deseo, de buscar sexo sin codificaciones socioculturales, de relajarnos y enfrentarnos al deseo en estado puro, a un goce sin imposiciones ni mistificaciones. Se trataría entonces de no oír las voces que nos incitan a practicar compulsivamente el sexo, para que –en el silencio de nuestro deseo- pudiera tal vez surgir el placer verdadero, que puede o no incluir sexo. Y si lo incluye, éste no se nos imponga codificado, preestablecido, adocenado; sino más bien ignoto en sus impulsos, sus objetos, sus meandros, sus goces y sus penas. Se trataría de decirle “no” al sexo rey, para poder -quizás- ser reyes de nuestro sexo y nadar en una gran extensión de deseo en la que los elementos confluyan sin dejarse atrapar por imperativos preestablecidos.
¿Accederemos a las etéreas mariposas de un goce sin coerciones?"
"Basta de sexo para que el sexo advenga"
Esther Díaz
Doctora en Filosofía
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