martes, 21 de junio de 2011

Julián Favre









Invierno Decir invierno es cerrar una puerta… Surcar la noche, invitarse al silencio, degustar la soledad. Entrar obligado a un ciclo que promete introspección. Contemplar la quietud oscilante de la Vida. Participar de una destemplanza anímica dictada por invasivos mensajeros químicos que irrumpen dónde sea que uno se encuentre. En desiertos desolados o distantemente acompañados. La desaceleración del andar, del sol, de un pulso. La absorción de ecos que vienen de allá profundo. Es la inercia danzante y sigilosa. Viajar por un túnel monocorde que precede al esplendor. Ríos de hielos sinfónicos y sobre ellos habitando nosotros sus islas en inconsciente meditación. Cual peregrinos deambulamos cabizbajos ante el descanso necesario del fulgor consecuente del tiempo. Un goteo gélido sobre el fuego trascendente que se prolonga en indescifrable matemática. De todas maneras, más allá de toda incursión un día no muy lejano esa puerta se abre. Y con ella las ventanas. Nos aturdimos de Vida, nos embriagamos en colores y melodías nos visten de luz. Queda atrás la amenaza del fin.


De la noche perpetua que seduce a los cielos hasta nuevo aviso.




Fotografías y Texto: Julián Favre

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